Las últimas elecciones chilenas dan para pensar: Arrate, 6,21%, Enriquez-Ominami, 20,13%,  Frei, 29,6%, Piñera, 44,05%.

Lo relevante de estos resultados es el gran porcentaje de votos obtenidos por los candidatos alternativos a la política tradicional (26,34%). Frei y Piñera, los dos candidatos que van a segunda vuelta, tienen gran interés por atraer este electorado. Sin embargo, ME-O manifiesta explícitamente que no le "entregará" sus votos a ninguno y les da "libre opción" a las personas.

Desde hace un tiempo que los ciudadanos chilenos se encuentran descontentos con la Concertación, por lo que muchos creyeron en candidatos alternativos. Si bien para otros no fue una opción, es importante considerar lo que se está produciendo en la política chilena.

En estos últimos años, la Concertación ha sido similar a un matrimonio que está  junto por la fuerza de la inercia, la costumbre, la comodidad, el status. Frei es un representante del statu quo, votar por él es continuar con lo mismo, con una Concertación desgastada que ya cumplió el objetivo para el cual fue creada: realizar la transición desde la dictadura a la democracia.  Sus grupos políticos, actualmente, están vinculados por temas circunstanciales más que sustanciales, lo que, a veces, hace perder la perspectiva.

Piñera promete un "cambio", pero siempre se ha sabido que la derecha chilena busca mantener igual a las instituciones, los valores y las estructuras. El “cambio” se refiere principalmente a la forma de gestión del estado, no a modificaciones fundamentales de nuestra sociedad. 

En general, la costumbre ha sido votar entre dos candidatos. Para algunos lo óptimo sería que se fueran rotando, lo que se ha llamado "alternancia". Esta idea se ha instalado culturalmente y proviene de una lógica establecida por el sistema binominal, que no permite pensar en otras alternativas.

El porcentaje de voto de los candidatos alternativos, especialmente de ME-O, es una señal, una fuerza, una voz. La situación actual estremece, inquieta. El pensamiento de algunos es: "hasta ahora "gana" Piñera. Si no nos ponemos en campaña para votar por Frei es posible que así sea". De hecho ha surgido un grupo llamado TCP (Todos Contra Piñera). Aquí nos encontramos: en votar por alguien sólo para que no salga el otro.

La política de estos últimos años se ubica en un contexto de ruido. Los medios de comunicación, la farándula, el estilo de las campañas publicitarias, la imagen, hacen perder el motivo de fondo, la esencia de “lo político”. La necesidad de ganar, la amenaza del otro, la contingencia, lo cotidiano va produciendo desgaste, estrechez de mente y de espacio. Se van involucrando en una rueda interminable que no ayuda a mirar con perspectiva, desde afuera, sino que se pierden en temas menores, discutiendo pequeñeces. Por otro lado, la conversación de los ciudadanos está más enfocada en ser espectadores de una competencia que en conocer las ideas fundamentales, discutir sobre éstas y construir nuevos conceptos.   

Existe la  historia de un profesor que llega a la sala, se sienta y se queda callado. Los alumnos lo miran, esperando algo, pero no dice nada. Después de un largo rato de silencio se empiezan a mover, surgen risas nerviosas que contagian, hablan entre ellos, se producen diversas reacciones frente a la situación. Por fin alguien dice algo y surge el diálogo, la interacción, la pregunta. En psicoterapia, muchos pacientes aluden a la incomodidad del silencio, sin embargo gracias a éste se logra instalar un espacio que ayuda a encontrar nuevas cosas. El paciente desarrolla su discurso, crea asociaciones, llega a temas escondidos, olvidados, que nunca había tratado.

El silencio, los espacios de reflexión, ayudan a encontrar, a crear.

En la política actual el silencio podría ayudar a detenernos. A pensar cómo queremos Chile y el mundo, a formar grupos y conversar tranquilamente, para que las palabras nos lleven a encontrar nuevos horizontes. Es necesario eliminar el ruido, quedarse quieto, permitir que aparezcan aquellas fuerzas que están tomando forma, pero que aún no se constituyen. Confiar en que el 26,34% de ciudadanos tiene cosas nuevas que decir y hacer, solo hay que dar el espacio para que puedan ser.   

 Negarse a apoyar a la Concertación, NO significa apoyar a Piñera. Si bien para la derecha es una ganancia cuantitativa que implicaría tener un gobierno durante cuatro años, el hecho de que se acompañe de un 26,34% de disconformidad NO es una victoria, es lo que hay. Son residuos de una forma de gobernar que está desapareciendo.

No hay que temer, solo esperar.  

Es un deber generacional y ciudadano terminar con la inercia, con la vejez de la política que no necesariamente la dan los años, sino el rodaje, la estrechez de pensamiento. Tomar estos cuatro años como una especie de retiro, de tranquilidad, de búsqueda. Salir un rato de la vorágine que produce el mundo moderno, podría hacer del silencio un gran aliado.

 

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