Recuerdo de niño las historietas de Pato Donald y su avaro tío, Rico McPato. Este último, de gran fortuna y tacaño, se ufanaba de nadar, literalmente, en una piscina de dinero y no gastar casi nada. Como amuleto, tenía una moneda de un centavo, la que guardaba celosamente en una caja fuerte.
Recordé este gracioso personaje al leer sobre el llamado de Warren Buffett y Bill Gates a sus pares a donar la mitad de su fortuna en vida o bien dejarlo testado para después de su muerte. Es una invitación conocida como "Promesa de Donar", que pide en forma pública a los millonarios de EEUU que se comprometan a dar al menos la mitad de su fortuna a organizaciones de caridad. Un desafío gigantesco, si se considera que el alma humana se aferra a los bienes, casi en directa proporción a su acumulación. Y esto a todo nivel. Siempre tenemos cerca alguien más necesitado.
No veo el problema en que exista gente muy adinerada, mientras con ello creen trabajo y bienestar para otros. Hay personas y familias que, con mucho esfuerzo y trabajo, han acumulado grandes fortunas, que son ejemplo de notable y gran generosidad; que, no solo han donado dinero, sino que han creado más y mejores fuentes de trabajo, corriendo riesgos, donde otros apuestan a cómodas rentas.
Así y todo, hay que recordar que sobre toda propiedad existe una hipoteca. Los bienes se nos han dado en administración, no somos sus dueños. La acumulación mezquina de riqueza puede transformarse en un grave peligro.
Así entonces, el problema es la avaricia o el construir fortunas a costa del esfuerzo ajeno, de torcer la mano a la ley o con subterfugios de dudosa moralidad. Eso da para otro tema por lo que me limito a las ganancias honestas.
Más de uno me recordará el dicho evangélico de que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. Pero es igualmente bueno hacer el bien y darlo a conocer, para que otros aprendan y sigan ese buen ejemplo.
Pero, más que donaciones, hay que apuntar a la creación de una mayor participación en la riqueza producida. “La caridad comienza donde termina la justicia”, dice el Padre Hurtado. Primero lo justo, luego limosna. Las cifras que hablan de la mala distribución de la riqueza a nivel mundial son de sobra conocidas y pareciera que no logramos dar con las fórmulas que, sin desincentivar el desarrollo y la creatividad, mejore esta injusta situación, que aumenta peligrosamente antes que disminuir.
De este mundo nos vamos como llegamos, desnudos, solo con la conciencia de haber hecho el bien, la tristeza de haberlo omitido o, lo peor, el tardío arrepentimiento de haber obrado directamente mal. Hacer el bien aquí y ahora tiene ya grandes recompensas y solo tenemos esta vida para hacerlo. Lo mejor de toda riqueza es que posibilita el hacer el bien a otros. No se trata de caridad. Es justicia.
Hugo Tagle

