Columna que saldra publicada manana en el Diario Financiero

Cuando todavía era adolescente, creo que tenía 17 años, mi hermano menor echó a perder las vacaciones familiares. Debe haber sido un día de Diciembre similar a este, pero de 1994, cuando mi madre nos propuso la posibilidad de pasar una semana de Febrero en Colombia. Todos sonreíamos frente a la posibilidad de aprovechar la bonanza económica cuando  apareció el perla de mi hermano para lanzar el pelo de la austeridad al interior de la sopa. Apelando a la consecuencia con nuestras creencias propuso que donáramos el dinero del viaje, y que en lugar de eso fuéramos a Chanco, el lugar de siempre. Para mala suerte nuestra mi madre le encontró la razón; cambiamos Cartagena de Indias por las dunas del Mariscadero de Pelluhue. Más allá de las chuletas que se gano mí hermano, esa noche quedaba claro que creer no es gratis.

 

Los economistas tendemos a creerle poco a las palabras, y mucho a las acciones de las personas. Si seguimos la lógica de las “preferencias reveladas”, y hacemos un diagnostico en base a las acciones, entonces es fácil argumentar que la gran mayoría de los chilenos mentimos, al menos en forma parcial, sobre nuestra fe.  Nuestras acciones nos delatan. Cualquier niño que haya leído el mensaje central del Nuevo Testamento, “ama a tu próximo como a ti mismo”, podría preguntarse el porqué un 85% de los chilenos que se denomina a si mismo cristiano Decimos que creemos, pero nuestro comportamiento sugiere que en realidad no estamos muy seguros.

Y es que los pecados por omisión, aquellos que aparecen cuando nos hacemos lo tontos, son justamente los que hablan de nuestras verdaderas convicciones.

 

Si nos olvidamos de que somos adultos por un minuto, y nos damos la libertad de leer en la frase “ama a tu prójimo como a ti mismo” con la seriedad de un niño, entonces nos sentiríamos obligados a buscar a la persona mas pobre, y le daríamos nuestro patrimonio hasta que sea igual de pobre que la segunda persona mas pobre. A partir de entonces repartiríamos nuestro patrimonio en partes iguales hasta que ambos sean igualen a la tercera, y así sucesivamente  hasta que nuestro patrimonio sea igual al de todos ellos. ¿Porqué llegar tan lejos? Porque si otro esta peor que yo, significa que no lo amo igual que a mi mismo. La sorpresa no debe estar en que el mandato sea exigente (quien propuso la idea no se caracterizaba por las medias tintas), lo perturbador es que estemos bailando el juego de las mascaras y que ignoremos a los niños cuando nos dicen que estamos sin ropa.

 

Es curioso, pero este principio central del cristianismo contiene una particularidad económica bastante especial, y es que el bienestar total de la economía se maximiza al seguir una regla como esta (asumiendo que la solidaridad no distorsiona nuestras ganas de trabajar e invertir). Esto se genera por lo que los economistas llaman “utilidad marginal decreciente del ingreso”. Intuitivamente esto significa que mil pesos adicionales para alguien rico genera menor utilidad marginal que mil pesos adicionales para alguien pobre. Este es el mismo principio que inspira la focalización del gasto social en sectores de extrema pobreza.

 

Si lo anterior es cierto, uno se podría querer buscar igualdad total a través de los impuestos. Distintos países lo han intentado sin éxito, y aunque la discusión es compleja, una ilustración simple se puede encontrar en Cuba. El problema es que los impuestos, a diferencia de la solidaridad,  si distorsionan  nuestras ganas de trabajar e invertir, lo que aniquila el motor de la economía.  Si tuviésemos mas chilenos como Benito Baranda podríamos tener lo mejor de los dos mundos, pero tenemos que conformarnos con que los verdaderos cristianos se pueden contar con los dedos de las manos.

 

En suma, las encuestas dicen que creemos, pero actuamos como si no estuviésemos muy convencidos. Como economista estoy obligado a creerle a los datos. Y no se trata de buscar culpas, sino de ser honestos con nosotros mismo, y construir desde ese lugar. En lugar de decir “tengo fe, pero no practico”, me parece más legítimo decir “no estoy muy seguro de lo que creo, y por lo tanto no soy tan generoso”.

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Comentarios

  • Juan, en principio estoy de acuerdo contigo; cuando pongo el ejemplo de repartir el dinero, es mas bien una ilustracion, y no necesariamente la forma de implementar la solidaridad. Es probable, como suguieres, que en lugar del dinero, lo mas efectivo sea gastar tiempo con quienes estan solos. Pero independiente de si es el tiempo o el dinero, el punto es que para ser consecuentes con el principio de oro (ama a tu projimo como a ti mismo) pienso que hace falta ser honesto con que el llamado es un poco mas fuerte de lo que quisieramos creer.

    Felipe Kast Enviado por Felipe Kast el 10 / 12 / 2008

  • Felipe, lo que dices, si lo dices sobre la base que los recursos son escasos, y en base a lo que platea Maslow, nuestras necesidades son ilimitadas, y además agregamos que de acuerdo a las restricciones presupuestarias y a las preferencias de las personas, preferiremos más a menos, y etc., etc. etc. puede ser en términos teóricos que una distribución del ingreso justa, sea aquella que permita un ingreso per cápita igual para todos, de esta manera las personas del primer quintil, ganan identicamente lo mismo que los del último quintil. Pero si eliminamos todos estos supuestos, lo que planteas es a lo menos, cuestionable, y expongo dos elementos: a) lo que propone la nueva teoría de las necesidades de Manfred Max-Neef respecto que nuestras necesidades son sólo cuatro: ser, estar, hacer y tener, y todo lo demás son satisfactores y b) en el último tiempo se han cuestionado los indicadores de desarrollo, por cuanto éstos no incluían variables de calidad de vida, lo cual han expuesto Amartya Sen y otros economistas los últimos años (una lectura interesante relacionada http://en.wikipedia.org/wiki/Happiness_economics ) y si cambiamos los primeros supuestos por los que he indicado, es muy posible que si le ofrezco la mitad de mis bienes al primer próximo que me encuentre en la calle, y justo coincide que esta persona es Francisco de Asis, puede que él me diga: "no tengo interés en la mitad de tus bienes, toda vez que mis necesidades de ser, estar, hacer y tener, las tengo satisfechas y soy muy feliz con mi vida actual"... otro ejemplo es el Banco del tiempo, donde puedes ver que la satisfacción de necesidades, se resuelve en cierta forma transando tiempo y no bienes. Bueno, tampoco creo que un análisis de termodinámica aplique en lo que estás planteando, y respecto al cristianismo, creo que intemtas hacer un reduccionismo que es redifícil de aplicar empleando el contexto del cristianismo. Bueno, mi comentario no pretende ser una crítica, sino más bien una segunda mirada a lo que describes ¿qué opinas al respecto?

    Juan Olguín Enviado por Juan Olguín el 10 / 12 / 2008

  • En realidad es una verdadera paradoja, en ese sentido concuerdo con el trasfondo de lo que planteas; sin embargo tenemos ciertas bases sobre las cuales profundizar, es decir, a) si bien el llamado es mas fuerte de lo que quisiéramos creer, dado que predomina en nuestra naturaleza un cierto egoismo, Smith plantea que este egoismo favorecerá alcanzar un mayor bienestar, y cuando los precios (de lo que sea que se transe, bienes o tiempo en este caso) no permitan alcanzar el bienestar en la sociedad, debiera intervenir en este caso un ente regulador , o sea, el Estado (espero que Adam no se revuelque en su tumba con mi explicación simplista, pero se supone que es algo por el estilo) y b) según mi personal punto de vista, nos vemos condicionados a la limitación de vernos superados por este llamado del que hablas, dada la influencia que ejercen los mercados y el modelo económico en nuestra vida social, y condición humana (exacerbando nuestro consumo, individualismo y competitividad); si contáramos con modelos organizacionales en las empresas (que a su vez, forman las industrias y éstas en cierta forma, los mercados), centradas en procesos de desarrollos humanos que operaran en conjunto a los objetivos comerciales; en consecuencia, mi tesis es que podríamos llegar a creer a un nivel equivalente o cercano al llamado.

    Juan Olguín Enviado por Juan Olguín el 10 / 12 / 2008

  • Gracias por tus lineas Juan. Un par de ideas. Primero, sobre tu punto (a) discrepo en la interpretacion de AS; no hablaba de egoismo, sino de satisfaccion personal, lo que es compatible y (algunos creen ) complementaria con la solidaridad. Segundo, no creo que el autor de la frase de oro estuviese pensando en AS al momento de hacer su recomendaciones. Tercero, concuerdo con que el exterior (que tu llamas mercados) nos influencia, pero eso no significa que entregado nuestra libertad. Cuarto. No tengo problema en reconocer los inmensamente dificil que es seguir la regla, pero si tengo problema en que nos creamos que si lo hacemos.

    Felipe Kast Enviado por Felipe Kast el 11 / 12 / 2008

  • Claro Felipe, es cierto lo que dices respecto el punto (a) de hecho mencioné que incluso AS no estaría de acuerdo con mi simplista explicación, dado que en la versión inglesa de "La riqueza de las Naciones", la interpretación de "selfishness" más que egoísto, hace referencia a la satisfacción personal como bien dices. Respecto la influencia externa, el problema no radica en la pérdida o no de la libertad, o de resistirse a esta influencia con tal de mantener la libertad, lo cual explica bien Carlos Aldunate s.j. (psiquiatra) en sus textos de antropología, cuando dice que nosotros somos independiente de nuestra creencias, el resultado de una vertiente de vida que distribuye sus aguas en 4 grandes caudales, que serían tendencias fundamentales inherentes a nuestra condición humana: 1. tendencia a la conservación de la vida 2. tendencia al crecimiento y desarrollo 3. tendencia a la socialización y 4. tendencia a trascendencia; resulta que nosotros las personas sufrimos accidentes y experiencias en la vida, que fortalecen o dañan estas tendencias (ejemplo: una persona que sufre en la infancia abandono, pobreza, etc. podría verse dañana en su tendencia de desarrollo por presentar problemas de autoestima, así como es posible esté dañada su tendencia de socialización; podríamos analizar muchos ejemplo más, pero será en alguna ocasión que podamos explayarnos). Visto de esta manera y considerando los comentarios anteriores podríamos decir entonces: i) estan quienes creen que siguen la regla, pero en verdad no lo hacen, ii) estan quienes intentan seguir la regla, se esfuerzan, no lo logran, pero al día siguiente vuelven a intentarlo, iii) estan los que cumplen la regla, creen que no lo hacen, y se exigen más aún, y iv) están los que "no están ni ahí" con la regla y el conjunto de todos estos "tipos de personas" conforman la sociedad. Sería interesante analizar la interacción de estas personas en teoría de juegos; capaz que alguien lo analice algún día según lo indicado por Nash, si es que ya no se haya hecho.

    Juan Olguín Enviado por Juan Olguín el 11 / 12 / 2008

  • Un comentario excelente, brillante (bacán, pulento).

    Bart Camps Enviado por Bart Camps el 04 / 12 / 2008

  • Felipe, estoy en total desacuerdo contigo, en especial porque un país llenos de Benito Baranda, tampoco funcionaría. Si revisas las leyes de la termodinámica y lees sobre la tercera ley de la entrópía, comprenderás que los sistemas tienden al desorden por tanto a desaparecer; luego, los sistemas que conoces, entre ellos tu economía, tiende a ser muy estructurado, lo que atentaría contra a ley.

    Bueno, eso no es verdad, debido a que la tercera ley hace mención a la suma y resta total de las entropías de todos los sistemas.

    El avance y evolución del hombre ha demostrado que es necesario precisamente a aquellos no tan buenos cristianos que no han dado ningún minuto de sus vidas por el otro, debido a que ellos son la causa de que existan aquellos cristianos comprometidos que tu alabas. Estos existen debido a que en vista de ver a aquellos que tu enuncias, se han tomado el espacio para ser solidarios y compasivos pero sin lástima.

    Como decía un gran amigo ex rector de mi colegio Salesiano, para aprender a ser feliz hay que sufrir primero, sólo asi diferencias entre un estado y otro. Aca pasa lo mismo, para la existencia de buenos cristianos deben haber necesariamente otros que no lo son (o somos)...pregúntale a Benito, que si todo fuese feliz quizá él qué estaría haciendo hoy.

    Lo más relevante de lo que escribes, es de tener la capacidad de autocuestionarnos en relación a "cuan" buenos cristianos somos. Como ex voluntario del Hogar del programa de Mejoramiento de Viviendas para el Adulto Mayor, te puedo decir que prefiero a un cristiano que aporte un 10% que no tener nada. Eso ya es un comienzo, despues viene mi desafío, haccer que llegue a un 100%.

    Alex Godoy-Faundez Enviado por Alex Godoy-Faundez el 05 / 12 / 2008

  • Hay dos alternativas Alex: o no encontre logica en tu argumento, o simplemente no lo entendi. Me puedes ayudar a saber cual de las dos alternativas es la correcta? Tambien puede ser una mezcla.

    Felipe Kast Enviado por Felipe Kast el 06 / 12 / 2008