El periodista deportivo de Deportes 13 analiza lo que será el regreso de Chile a un campeonato mundial de fútbol y presenta en concreto los desafíos que tendrá la selección nacional.

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Una de las tantas críticas que se le hace al gobierno de Sebastián Piñera es que su gobierno parece excesivamente personalista. Quiere estar “en todas”. Esta característica puede darse en 2 contextos distintos: Cuando la persona es demasiado obsesiva o cuando el equipo de trabajo es poco capacitado (o poco sincronizado con los objetivos de la persona). ¿En cuál de estos escenarios se encuentra el presidente?

Lo primero es evidente.  Incluso el propio Piñera lo ha admitido. Desde sus tiempos de estudiante, hasta su época de empresario, la minuciosidad ha sido, no solo una obsesión, sino la clave de su éxito económico. Cuando una persona es tan detallista, no quiere que nada se escape del itinerario inicial, por lo que, a pesar de contar con gente de gran capacidad intelectual a su lado, prefiere la omnipresencia para fiscalizar personalmente que todo salga según su plan.

Eso por una parte, pero si analizamos los apoyos y obstrucciones partidistas del presidente, encontramos otro elemento de análisis. Primero, la concertación. Si usted está jugando un partido, no puede pretender que el equipo perdedor se siente a aplaudirlo luego del encuentro. Es decir, la concertación será una oposición casi violenta, ya que aún está “picada” por haber perdido un encuentro que estaba ganando hace veinte años, pero que se le escapó a último minuto. Segundo, los aliados del presidente: La UDI y RN. ¿Qué tan aliados son? La visión de mercado es transversal en la derecha, pero el tema valórico genera tremendas discrepancias: Hace poco, el recientemente re-electo presidente de Renovación Nacional, Carlos Larraín, realizó desafortunadas declaraciones acerca de las uniones de hecho entre homosexuales. Además, el ex embajador de Chile en Argentina, Miguel Otero, golpeó las fibras más sensibles de los afectados por la dictadura, realizando afirmaciones que hacen pensar que el Pinochetismo sigue vigente al interior de la Alianza. El presidente no puede hacer otra cosa que desmarcarse de la evidente discordancia ético-moral entre lo que intenta proyectar y lo que demuestran los dos partidos que lo sustentan parlamentariamente, por lo que a veces le es más “rentable” mostrar un proyecto individualista y así evitar críticas valóricas. (Las declaraciones de Otero respecto de la dictadura fueron la oportunidad perfecta para Sebastián Piñera de declarar su “fuerte compromiso con los derechos humanos”).

Así, el primer mandatario se encuentra en ambos escenarios y su “liderazgo egoísta” ya no parece un mero capricho: Por un lado, su meticulosidad es inherente a su personalidad y, por otro, se encuentra atado de manos en cuanto a sus aliados: Si los escucha mucho, peligra ser criticado por mimetizarse con el conservadurismo prehistórico de la UDI y RN.

El personalismo es peligroso en un cargo que conlleva tantas responsabilidades distintas. Debe buscarse convergencia con los aliados y calmar los instintos, sino, el camino puede ponerse excesivamente complicado y terminar en fracaso.

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Y comenzó el mundial. Pura fiesta de alegrías, anhelos, nervio. En un tiempo tan crispado, nos hacia falta una inyección de esperanza y vida sana; una experiencia que abra nuestros estrechos horizontes y nos lleve a dialogar con el mundo. Es de esperar que Chile juegue un buen papel, deje todo en la cancha y nos regale grandes alegrías. La selección ya ha dado mucho: ejemplo de disciplina, entrega, patriotismo, ganas de ganar. Si resulta vencer en varios partidos, bien; sino, ya han triunfado en regalarnos esperanzas y nuevas ganas de triunfar.
El próximo domingo celebramos el día del padre, relegado a segundo plano con esto del fútbol. Si bien hay mucho de comercial, hacemos bien en recordarlos. Si ya el oficio de madre resulta poco reconocido, tanto peor el de padre, que por estos parajes brilla muchas veces por su ausencia. Sigue siendo un drama y reclamo la imagen de padre indiferente, distante, castigador.
Pero los hay de los buenos. Y muchos, gracias a Dios. El ser padre no conoce descanso. Su ejercicio no se estudia en ninguna universidad, pero se trabaja en él por muchos años. Tampoco tiene sueldo. Pero, curiosamente, quienes lo ejercen bien y a conciencia, jamás se arrepienten. Al contrario, muchos padres dirán que es lo mejor que les ocurrió en sus vidas. Ser papá es una experiencia transformadora, fascinante, de gran responsabilidad y sacrificio. Pero a su vez, de grandes compensaciones.
Hoy, el ser padre exige más que hasta hace unos lustros. Se deben reinventar, exige mayor imaginación, creatividad, actitud proactiva. No sirve “el proveedor del hogar” o el autoritario. Ya no es cuestión de llegar a la casa, dar órdenes y esperar a ser servido. Ya no se puede pontificar desde un podio exigiendo obediencia. Hoy, los padres están llamados a ganarse la confianza de los hijos, a predicar con el ejemplo, a convencer con argumentos. Se espera más comprensión, cercanía, cuidado que peroratas graves o discursos densos. Se esperan también normas y un claro “rayado de cancha”. Cercanía, sin perder su autoridad; comprensión, pero con metas altas; amistad con sus hijos, pero exigencia de respeto a las reglas del hogar.
El padre es seguro, punto de estabilidad, norte. No debe hablar mucho. A veces, muchas veces callar, sólo acompañar, como sombra vigilante, serena. Habrá de sufrir en silencio las incomprensiones de los hijos los que, de mayores, sabrán reconocer lo que recibieron de ellos.
Un buen padre es imagen de Dios para un hijo. En él experimentará su bondad y sabiduría. Buenas familias tienen como pilar buenos padres: entregados, cercanos, pacientes, comprensivos y fuertes. Les deseo una buena semana a todos los papás y futuros padres. Y que Chile gane el miércoles.


htaglem@uc.cl

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El periodista y conductor de Radio Zero nos habla de los problemas que ve en la sociedad chilena y que impiden crecer y completar el proceso de desarrollo.

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El destacado historiador y escritor chileno hace un distendido análisis del periodismo a través del libro American Ground: Unbuilding the World Trade Center de William Langewiesche.

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